Viernes, 23 Marzo 2018 00:00

América Latina está desperdiciando su recurso más valioso

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América Latina está desperdiciando su recurso más valioso.

Una de las mayores riquezas de los países de América Latina es su biodiversidad. Sin embargo, rara vez contribuye al desarrollo económico de las naciones que conforman la región.

En Brasil, según las estadísticas oficiales, ninguna de las 10 principales exportaciones en 2016 tuvo su origen en la biodiversidad del país. En cambio, el énfasis ha estado en los productos que requieren transformación o incluso, y este es el peor escenario, la destrucción de la biodiversidad en sí misma. El resultado es un producto de bajo costo con poco valor agregado, como monocultivos, ganadería extensiva y minería.

Mientras insistimos en esta fórmula económica, el mundo avanza hacia la Cuarta Revolución Industrial, con sus increíbles desarrollos en genética y biología. A pesar de tener materiales genéticos excepcionales, nuestros países están perdiendo impulso y no capitalizan nuestras riquezas naturales. Esto se debe a la falta de comprensión de que existe una necesidad más allá de guardar esos materiales, lo cual no se hace de manera efectiva. Debemos usar nuestra biodiversidad de manera innovadora y sostenible. Lo que es aún mejor, podemos hacerlo conservando nuestra biodiversidad y manteniendo nuestros ecosistemas.

Para hacerlo, sin embargo, debemos avanzar urgentemente en la economía del conocimiento de la Cuarta Revolución Industrial. Podemos pensar que esto no es posible en nuestros países pero, al menos en Brasil, ha habido ejemplos que muestran que, cuando hay voluntad política y una planificación adecuada, los resultados son positivos.

Este es el caso de la agricultura y la ganadería, que se modernizaron después de la creación de EMBRAPA (una agencia basada en la investigación). Otro ejemplo es EMBRAER (fabricantes brasileños de aviones), que contrata a la mayoría de sus profesionales de ITA, una notable escuela de ingeniería que ha mantenido altos estándares internacionales desde su fundación. Hay otros buenos ejemplos entre los productores de papel y pulpa, como Fibria y otros, que se han asociado con las mejores universidades brasileñas, lo que resulta en avances ejemplares que se respetan en todo el mundo.

Son abundantes ejemplos de lo que no deberíamos hacer, como aferrarse al modelo actual de desarrollo, que solo intensificará las pérdidas sociales y naturales. No sirve de nada construir centros de investigación si no hay profesionales o inversiones de alto nivel para aprovechar la calidad de un campo determinado. Algunos centros tienen laboratorios costosos, pero carecen del equipo de profesionales capaces de conceptualizar nuevas ideas que favorezcan el uso de la biodiversidad y que puedan generar ganancias sociales, económicas y ambientales.

Ha habido una falta general de apoyo para implementar modelos económicos arriesgados que permitan a estos países acceder a los sectores económicos más dinámicos, como los que dependen del uso intensivo del conocimiento: biotecnología, informática y comunicaciones. Estos sectores podrían acelerar el crecimiento y reducir la explotación de los recursos naturales.

Parece evidente que para desarrollarse en el mundo de hoy, la sociedad necesita ser rica en conocimiento. Esto, a su vez, requiere inversión en capital humano y la importación y posterior exportación de productos que dependen del conocimiento y no solo de los recursos naturales.

La implicación para una política de desarrollo hacia un futuro más equilibrado y próspero es adoptar acuerdos políticos que abandonen el uso intensivo de los recursos naturales; y combinar la educación y la investigación de nuevas formas que permitan los beneficios económicos a través de una nueva visión que respeta la naturaleza y evita la sobreexplotación de la biodiversidad.

El acceso a los recursos genéticos debe, por supuesto, estar regulado para proteger el medio ambiente y garantizar la justicia social, y estos objetivos requieren mucho más que solo leyes o tratados. Requieren un cambio de paradigma que incluya un contrato social que refleje la planificación consultiva con metas y objetivos claros que puedan implementarse de manera continua y a largo plazo en todos los sectores de la sociedad.

Aumentar la capacidad científica de los países en desarrollo y educar a profesionales que puedan mover sus países hacia el desarrollo basado en el conocimiento parece más importante que proteger partes de la tierra como reservas, o incluso transformar áreas naturales en monocultivos agrícolas, como ha sido la tendencia actual.

La cooperación interinstitucional o incluso continental ciertamente puede contribuir al conocimiento necesario para determinar cómo la biodiversidad puede convertirse en una fuente de riqueza para un país, en lugar de ser vista como algo que se destruirá.

Solo con este conocimiento nuestros países pueden convertirse en exportadores de recursos naturales de una manera que ya no fomente la extinción de las especies y la destrucción de la biodiversidad. Un uso racional y racional de la biodiversidad basado en el conocimiento puede conducir a la justicia social y a una relación respetuosa con la naturaleza, que a su vez puede mejorar su protección para las generaciones actuales y futuras. Esto, desde nuestro punto de vista, parece un desafío apropiado para América Latina a comienzos del siglo XXI.

 

Claudio Padua Vice-President and Rector, IPE - Instituto de Pesquisas Ecológicas
Suzana Padua Co-Founder and President, IPE - Instituto de Pesquisas Ecológicas

 

Antonio S Raphaël G Gómez

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